28 de noviembre de 2014

Ordenando, o al menos intentándolo II, 2º parte

Como os decía el martes, intenté organizar mis fulares. Mi primer intento, no fue muy mala idea, al menos eso creo, pero era poco resistente para el uso diario. Sin embargo encontré un tutorial que fue mi gran inspiración para conseguir lo que quería: poder ordenarlo con facilidad y que no se rompiera a la primera de cambio. De hecho, ahora que he conseguido terminarlo a mi gusto, aparecen tutoriales como setas, sin embargo, cuando quería encontrarlo no había manera...
Os hago un pequeño resumen de como lo he hecho yo:
  • Necesité una percha de madera, unas alcayatas cerradas y unas anillas de cortina de ducha, si pueden cerrarse mejor, porque así evitaremos que se enganchen las prendas. 

  • El siguiente paso fue dividir y marcar los lugares donde iba a ir cada alcayata. En mi percha, coloqué ocho, con un separación suficiente para que no se tocasen entre ellas. 


  •  En el tutorial al que os enlazo, se usó un aparatejo para hacer los agujeros. En casa también lo tenemos, pero yo no me aclaré con él. Así que fui a lo bruto y con un clavo de un tamaño parecido al grosor de la alcayata y un martillo, fui clavando solo un poco, lo suficiente para hacer un agujero y luego fui atornillando las clavijas, primero con los dedos únicamente para posicionarlo y luego metiendo un destornillador por el agujero de la alcayata para poder atornillarlo con fuerza hasta ajustarlo.

Y aquí el resultado, que es muy parecido al anterior pero mucho más resistente. ¡¡Ahora sí que no hay excusa para tener todos mis pañuelos bien ordenados!!

25 de noviembre de 2014

Ordenando o al menos intentándolo II, 1º parte

Reconozco que soy bastante desordenada y a veces mis cosas simplemente están ahí, desperdigadas por toda la casa, hasta que un día, de repente y sin aviso, me molestan y necesito ordenarlas. Es un estado que me dura poco tiempo pero de vez en cuando hace su aparición.
La última vez, fueron los cables y los cargadores y no pude parar hasta que hice este organizador.
Un tiempo más tarde fueron los fulares, los pañuelos, las bufandas o como queráis llamarlo. Tengo bastantes y hasta hace poco las tenía apiladas en un montón. Como seguramente ya adivináis, siempre me decidía por la que estaba abajo del todo con lo cual el montón no se quedaba ordenado mucho tiempo.
¡Tenía que haber una forma de ordenarlo mejor! En una tienda de accesorios encontré un colgador de fulares, era de metal y básicamente eran varios círculos pegados entre sí para meter los pañuelos. Parecía algo fácil de imitar con cosas que tenía en casa.
En cuanto pude, reuní los materiales que iba a necesitar...
.... y salió algo así...

 ... no muy bonito, pero bastante práctico...
A pesar de ser cartón, como cada uno de los fulares por separado no pesa mucho, se sostienen bastante bien. Lo malo es que cuando los quieres quitar de la percha hay que hacerlo con cuidado, porque si tiras del pañuelo con fuerza puedes desmontarlo todo.
Reconozco que el invento lo hice deprisa y corriendo y sin consultar. Si hubiera hecho una búsqueda por internet hubiera encontrado ideas más interesantes, como finalmente ocurrió un poco más tarde.
Os lo cuento viernes porque esto se ha alargado mucho!!

18 de noviembre de 2014

Cesta cuadrada de trapillo

El trapillo es un material con el que me gusta trabajar.
Con la enorme suerte de que se hizo popular y eso significó poderlo encontrar a precios económicos en los chinos, me hice con varias madejas. Así pude comprobar que, con la aguja del tamaño adecuado es una delicia trabajar con él: es grande, se ve bien donde está el agujero donde toca hacer el punto y no tiene pelitos que se enganchen con lo que vas avanzando con fluidez.

En fin, que en un arranque de inspiración me puse a hacer otra cesta. No la necesitaba realmente pero siempre viene bien. Para variar de la última vez lo hice con un fondo cuadrado, bueno, más bien rectangular, y luego simplemente fui tejiendo en redondo hacia arriba.

Sin embargo, últimamente estoy algo atascada porque no se me ocurren labores para hacer con él. No me entendáis mal, sé que se pueden hacer un montón de cosas y gracias a que poco a poco voy entendiendo Pinterest veo miles de posibilidades pero ninguna de ellas me atrae. Por ejemplo no quiero un bolso de este material porque no lo usaría, ni un colgante, ya tengo una alfombra, ...
De momento dejaré las madejas aparcadas y con un poco de suerte encontraré algo para hacer con ellas!!

14 de noviembre de 2014

Susan Hill

Las ideas preconcebidas no son buenas. No lo son en general y tampoco si hablamos de libros. Sobre todo cuando hacen que saques conclusiones o que esperes cosas equivocadas.
Este verano al ordenar una estantería encontré dos libros que había leído hace unos años y no me habían gustado nada. Al releer el argumento y alguna de las páginas tuve que reconocer que la culpa fue solo mía porque me monté yo misma la historia en mi cabeza en vez de esperar a ver qué contaba la autora.
Me presentaban un personaje masculino atractivo y misterioso y una protagonista nueva en la ciudad que cae enamorada de él a primera vista y no pude dejar de esperar en cada página, además de la historia de suspense, el típico romance que aparecen en los otros tipos de libros que me gustan. Pero nada más lejos de la realidad: este no es un libro de romance. Ni un poquito. Es una novela de suspense un tanto agridulce donde no todo sale bien ni como esperas.
Aproveché para releerla y me encontré con una buena historia donde diferentes situaciones aparentemente sin relación acaban convergiendo hacia el final. No es el tipo de libro que prefiero leer a día de hoy pero aún así no he querido dejar de comentaros esta serie por que quizás os pueda interesar.

Susan Hill: Serie Simon Serrailler
Libro 1: Las distintas guaridas de los hombres
 Primera entrega de la serie protagonizada por el comisario Simon Serrailler. Una mujer solitaria se esfuma en medio de la niebla en Lafferton, un pequeño pueblo inglés. La policía del pueblo no le da importancia, pero la joven sargento de detectives Freya Graffham, recién llegada de Londres y a las órdenes del inspector Serrailler, no se resigna a archivar el caso, sobre todo después de encontrar entre las pertenencias de la desaparecida una nota y un caro juego de gemelos.
La excelente evocación de la atmósfera del mal y la aguda caracterización psicológica explica la calurosa acogida que esta novela ha tenido en Gran Bretaña tanto entre la crítica como entre los lectores.
n cada página, además de la historia de suspense, el típico romance que aparecen en los otros tipos de libros que me gustan. Pero nada más lejos de la realidad: este no es un libro de romance.  Ni un poquito.  Es una novela de suspense un tanto agridulce donde no todo sale bien ni como esperas.

Libro 2: Los puros de corazón
La inesperada desaparición de David, un niño de apenas nueve años, hace que la ciudad de Lafferton recuerde sus peores pesadillas ("Las distintas guaridas de los hombres"). Es evidente desde el momento que David ha sido raptado a primera hora de la mañana a la puerta de su casa, pero no tardan en circular las más funestas hipótesis acerca de los motivos y propósitos de quien haya llevado a cabo tal delito, que poco a poco parece estar extrañamente vinculado con el robo y contrabando de coches de gama alta.
La autora crea unos personajes perfectamente creíbles (de los que el lector siempre está deseoso de saber más) y unas relaciones entre ellos, sin dejar cabos sueltos, que nos ayudarán, o no, a resolver la intriga, pero que en cualquier caso no nos dejarán indiferentes.
Susan Hill despliega ante los ojos del lector todo un mundo rural del que aporta todos los matices y diversidad, para someterlos a continuación a una trágica y radical transformación por efecto del crimen.

Otros libros de la serie traducidos hasta ahora:
Libro 3: El peligro de la oscuridad
Libro 4: Voto de silencio

11 de noviembre de 2014

Funda para móvil

Móvil nuevo, tan bonito, tan delgadito, tan presente todavía lo que has tenido que pagar por él... En fin, que lo que más quieres es tenerlo protegido. Necesitábamos una funda. Mi hermana me pidió que le hiciera una y me puse manos a la obra. Salió así:
Hasta yo me quedé contenta, me parecía sencilla, elegante y el botoncito de adorno le daba un toque de color, pero... Sí hubo un pero: la hice tan justa que el móvil entraba con dificultad.
En fin, segundo intento: no me quedó tan elegante pero el teléfono entra con holgura y es blandita y acolchada para que esté bien protegido. Además, aproveché para cambiar el método de cierre y le puse velcro. No es tan bonita pero es más funcional. ¡Sorprendentemente a mi hermana le encantó!
 

7 de noviembre de 2014

Ordenando, o al menos intentándolo...

El cable del móvil, el de la cámara, el del libro electrónico, cargadores varios de chismes diversos que ni sabía que estaban ahí... lo tenía todo en una caja y cada vez que iba a coger uno, se enganchaban los unos con los otros, se caía todo y era un lío. ¡¡Necesitaba un organizador ya!!
Estuve buscando inspiración donde siempre, Internet, encontré muchas opciones y muy interesantes, pero con mi nuevo gusto por la costura, me decidí hacer uno sencillo de tela.
Tengo una estantería de metal así que lo diseñé tomando como referencia la medida de uno de los laterales para luego colgarlo ahí aprovechando que tiene unos agujeros.
Sabiendo la medidas fue muy sencillo cortar dos trozos grandes de tela y entretela y sobre ellos ver las medidas más convenientes para los bolsillos. Marcar donde iba a ir cada uno y empezar a coser.
Rematar los bordes con un bies, añadir los botones para luego colgarlo y, de paso, usar alguno de esos botones deparejados que siempre guardamos para adornar y listo!!
Y aquí está mi nuevo organizador haciendo lo suyo: tener bien ordenados los cables más usados. Porque al final no caben todos los que son, pero al menos los que hay son los que más necesito.

4 de noviembre de 2014

Amigurimi de otoño

Hoy os traigo a estos dos bichitos, que ya les tocaba ser presentados en sociedad. En el foro Bordando Juntos, se propusieron otros dos amigurimis para el otoño y yo elegí hacer el búho.
Los bauticé Franky, el grandote y Freddie, el pequeñín, porque al principio me parecían un poco monstruosos, pero ahora, con el tiempo, les he he cogido cariño y me parecen muy simpáticos.
La verdad es que le estoy cogiendo gustillo a esto de hacer muñequitos y ya he hecho unos cuantos muy facilitos que os enseñaré en breve. Ya me han advertido en varias ocasiones que esto engancha y de momento creo que tienen razón!!


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